LOS INDIGENAS URBANOS EN MEDELLLIN DIAGNOSTICO HISTORICO DE UN PRESENTE SEGREGADO
En la ciudad de Medellín, la problemática competente a la relación inter étnica, en en las convulsiones de su desarrollo histórico, fue una situación liquidada desde el principio mismo en qué se planteó la relación, la ciudad durante su consolidación como tal, el elemento étnico indígena ha sido insubsistente hasta que el proceso desintegrador y provocador de desplazamientos poblacionales desembocaron en la dictadura de opereta de los años cincuenta (50); momento en el cual, el intenso trabajo de catequización dirigido por la congregación de La Madre Laura en Urabà, Chocó y Cauca y el sur andino quechua comenzado desde los tempranos años veintes (20); con cinismo cristiano desde éstas regiones, se inventó para Medellín una pequeña migración étnica totalmente desarticulada, que en aquellos comienzos fue residenciada en el Convento de Indo Crespo ubicado en el barrio Belencito Corazón. Allí los alojaban y alimentaban, con el afán de que estudiasen renunciando al contexto e sus tradiciones; los emigrantes eran retirados de sus resguardos y todo su universo cultural se desplomaba, bajo la baranda de la exclusión, resaltándolos en el entorno por su “supuesta” inferioridad socio-cultural.
Estos pioneros se veían abocados incluso comenzando por aprender un idioma de forma apresurada y en condiciones forzosas, en aras de superar los cursos de Magisterio, enfermería, o algunos oficios útiles a la agricultura, estos estudios siempre acompañados por la mas inmensa dosis de oración y algunos arrestos de deliberación teológica a que eran sometidos por largas horas y bajo estricta disciplina; negándoles en su “educación” de plano todo su universo ancestral tanto cultural como religioso, imponiéndole uno totalmente nuevo, al cual no podían ya renunciar, siéndole éste absolutamente adverso, creando a cada momento puntillosos conflictos en el desarrollo de la convivencia adaptativa.
Para los años setenta, con el culmen de la “Bonanza Cafetera” que bañó de dólares a los caficultores, más la intervención violenta de los capitales en sus relaciones socio-culturales presentada por el narcotráfico con “la ventanilla siniestra” en la política departamental y nacional, en éste marco aparece en suroeste antioqueño una comunidad, haciendo mas publica que nunca su centenaria lucha, haciendo explicitas sus demandas por el derecho a un territorio reconocido en su estructura socio-económica; los lugareños que conocen la comunidad de siempre la denominan Cristianìa, por el hecho de que para el clérigo dirigirse a la región la denominaba Cristianía, diminutivo de Cristianizar; su nombre en lengua de la etnia es el de Carmata Rua que en lengua emberá significa "la tierra de la pringamoza" por la abundancia de ésta planta en los contornos de la zona.
Esta comunidad protagoniza acontecimientos, visibilizando en sus demandas realidades jurídico – históricas que los ameritan con creces a disponer de forma reglamentada de la tierra que trabajan; mostraron en primera plana a la ciudad, la existencia de un hecho de omisión jurídica de implicaciones departamentales, resultó convertido en un agresivo conflicto de resonancia nacional e internacional, que requería una solución inmediata; la política local por primera vez, se ve implicada en primera plana como participe involucrada ante el conflicto, teniendo que justificar los hechos discordantes con una cultura indígena ubicada entre las frontera del territorio reclamando el reconocimiento legal de su tierra, de su cultura y de su lengua. Su protagonista y líder fue el primer indígena graduado en la Universidad de Antioquia, con el titulo de Abogado, el Doctor Aníbal Tascón de la comunidad Emberá, dejó su semblante asesinado ante la justeza de sus reclamos, dando su vida por el sentido legal representado por su nación que ha sido reconocida por su vocación de lideres.
Para finalizar los setenta, una década bastante radicalizada hacia la izquierda, tanto de la liberalizante como de la radical; en éstos años, la gran actividad de la ANUC –Asociación Nacional de Usuarios Campesinos- y algunos grupos o sectores minoritarios de indígenas municipalizados o cabildantes –haciéndolo una forma de fuerza separada de la asociación-, reclaman los derechos campesinos a una parcela digna. El CRIC -Consejo Regional Indígena del Cauca- aglutinando a la población indígena del departamento del Cauca y la población nativa de los departamentos circunvecinos en una lucha especifica de defender los derechos del indígena sustentados en los de la tierra que poseen desde siempre.
Estas dos organizaciones nacionales, crearon condiciones nuevas para enfrentar la lucha por la justa demanda por los títulos a perpetuidad de la tierra; la primera Asociación con su consigna "la tierra pá’l que la trabaja" y justifica todos sus reclamos, en la petición por el derecho a una parcela con escritura publica, amparada por los derechos de ser reconocidos como ciudadanos-campesinos de primera clase, -es una relación que rebaza lo tautológico que la compone- elementos esbozados desde la Reforma Agraria lanzada en 1963. En contraposición los indígenas, reclaman sus derechos constitucionales en una relación peculiar con la tradición que se ha estructurado desde la conquista, presentando diversas formas en su relación legislativa, pero perviviendo la justeza común de ser reclamadas por indígenas y no –son radicales- por campesinos homogenizados. El problema de sus demandas no es únicamente la parcela, va mucho mas allá, busca la legalización permanente de los resguardos, hecho realizado de forma estricta, siendo trasparentes sus cláusulas bajo las nuevas normativas en sus demandas ante el ministerio de Hacienda y del Interior; resaltan con vehemencia sus derechos comunales sin preocuparse por los individuales, que es el factor que separa estos dos movimientos rurales en la geografía colombiana.
Finalizando la década de los setenta, entra en la escena pública una pequeña agremiación indígena en la ciudad, el 14 de abril de 1979, comienza sus reuniones con una decena escasa de indígenas participantes, todos bajo la convicción consensual de crear un Cabildo Indígena, en el espacio político de la ciudad. Los alimentó una mentalidad pluricultural y una acción directiva multiétnica, empezó a operar bajo el nombre de NAICOS –Naciones Indígenas Colombianas- y después de 1980, bajo dictamen de la primera junta oficial, el movimiento fue designado por el propuesto por el profesor Jesús Mejía el de Chibcariwak, que engloba las tres grandes lenguas que identifican las naciones que tienen su asiento entre las fronteras colombianas, Chibcha, Caribe y Arawak. Éste se conserva desde entonces en consenso pleno por aquellos congregantes.
Las luchas de Cristianía en pos de la recuperación del resguardo que sustentara sus condiciones de comunidad autónoma – teniendo a sus favor la posesión de un idioma materno autóctono, conservado a pesar de todas las intenciones de todos los estamentos nacionales tan preocupados por evitarlos como representantes de autonomía, hasta que el peso infinito de los hechos, obligó a la clase política a aceptar las consecuencias desprendidas de los inolcutables acontecimientos, liderados y protagonizados por la población en pleno de la Nación Emberá, en pos de sus justos propósitos, recibiendo apoyo pleno y solidario por los hermanos del CRIC en particular, y de todas las naciones indígenas hermanas de Colombia en general.
Este momento histórico de los Emberá, hizo visible su papel social en la apropiación territorial ante la nueva geopolítica desarrollada por el Estado colombiano, resaltando con sus experiencias la importancia histórico- social del papel jugado por ellos, siempre en pos de los derechos comunitarios como indígenas.
Para aquellos años, Medellín no tenía ninguna oficina específica, responsabilizada oficialmente de tales problemáticas, en el desarrollo de políticas indígenas al interior del departamento, ni que decir de la ciudad. El recién inaugurado cabildo Chibcariwak, hizo visible el indígena urbano, circunscribió su jurisdicción solamente para aquellos que vivían en el área metropolitana, sin tener muy en cuenta el origen étnico de su procedencia o la parte de la nación la cual representaba. El único requisito básico para usufructuar sus bondades es el de ser indio hijo de india sin mas arandelas.
En 1981, se hizo público en manos de un puñado de líderes indígenas de Medellín, un manifiesto con parámetros bien definidos para enrutar sus peticiones. Este documento, hizo un recuento del pensamiento indígena local, contorneando los márgenes de las peticiones y las demandas, con la propia logística a seguir como derrotero; desafiando con sus voces, el candente ambiente local y nacional que se distinguía por lo brutal y represivo, eran tiempos del mandato claro de Belisario Betancourt.
Los nuevos lideres indígenas promocionaban la Reforma Agraria y su Instituto Reforma Agraria -INCORA–, desprendido de ella, ente encargado de distribuir entre los campesinos las tierras del Estado, y aquellas otras de terratenientes que no generaban usufructos por estar vacas. Comenzó por entonces, una entrega legalizada de resguardos, tal medida tuvo muchos enemigos en todos los estamentos de la sociedad dirigente nacional.
Con éstas nuevas pautas y un ambiente propicio y propiciado por lasa actividades previas ejecutadas por el Cabildo, logró en Antioquia sentarse las bases para una Organización Indígena de Antioquia –OIA-, organismo departamental que hizo acopio en su agenda, de todas las manifestaciones y preocupaciones indígenas antioqueños, teniendo su sede en la capital del departamento de Antioquia.
Los hechos, renuevan viejas autenticaciones, haciendo más democrática la nueva carta constitucional que se firmaba, siendo mas meditada en lo concerniente a lo que compete en los asuntos indígenas y, que por primera vez, participaron mínimamente los lideres de las comunidades indígenas, en todo el proceso de su discusión, posterior redacción y aumentar la participación en la futura aplicación; dicha carta entró en vigor en el año de 1991, bajo la presidencia Cesar Gaviria Trujillo (1990-1994).
En un entorno de profunda crisis constitucional, con la toma del palacio de justicia por el M-19 y la guerra desatada por los carteles de narcotraficantes contra la nación, buscando eliminar la figura de la extradición por delitos sólo competentes a las leyes extranjeras; y la cada vez mas critica lucha indígena por el derecho a la tierra, fueron algunas de las realidades afrontadas en la consolidación de la OIA, la cual había adoptado algunos de los lideres más brillantes del Cabildo Chibcariwak que en su momento andaba en crisis y sus gestores en desbandada, comienza –al contrario de éste- enfocando sus deberes de forma ordenada y coordinada sus obligaciones y servicios socio-políticos, encauzados a la promoción sustentación y apoyo, haciendo su causa todas las manifestaciones indígenas, del orden socio-cultural manifestadas en las fronteras del departamento.
En 1991, el alcalde electo popularmente Juan Gómez Martínez, da el aval de la alcaldía, aceptando su legislación política autónoma que da sentido político al ser cabildante, permitiéndole desde la administración, recibir todos los beneficios del capital participativo de inversión social. Llegan los años que recrean al interior de la agremiación reestructurándola con la danza de los millones llegados de la Alcaldía, cuatro sedes les fueron adjudicadas y el cabildo entro a participar de la historia oficial entregando su participación con documentación pública.
Su razón de ser tomo sentido como un vínculo legitimo y legitimado, haciéndolo un participante activo, en la solución de la problemática social que lo compromete, tomando el vocerío como representación de los diversos indígenas colombianos, dispersos en los suburbios citadinos angustiados por sus necesidades, viviendo ya sea de paso o residenciados buscando la permanencia en el ámbito urbano local, hacia ellos su responsabilidad se hizo más efectiva.
Su objetivo de reconocimiento y aceptación social desde lo étnico, se aplicó desde nuevos derroteros; pensarse indígena, no era necesariamente pensarse en el estrecho sentido de una nación indígena, ya que el agravante de vivir en la ciudad décadas, incluso tener familia nacida en la ciudad en la que su descomposición social ya esta consumada; aun, a pesar de eso, la persona seguirá siendo un indígena americano, avalado por su naturaleza nativa, por su sangre destilada por el continente, a trabes de los lazos de parentesco que los ata.
Para el naciente siglo XXI, el tener ésta alternativa instaurada en su presupuesto político, tratando de considerar en su justeza la condición de la disolución urbana que pesa sobre el indígena residente y aun itinerantes; asumir esta peculiaridad socio-política, cobijando con su proyecto todas las naciones y comunidades indígenas colombianas, bajo la tutela de una normatividad autónoma auspiciada por el cabildo urbano, representándolos como indígenas colombianos y no como representantes de comunidades rurales o similares de procedencia.
Ya para el 2002, en la ciudad se instaura un nuevo cabildo, pero representando las comunidades Quillasinga-Pastos de Nariño y Putumayo de forma exclusiva, estas comunidades que ya perdieron su lengua materna y mucho de sus usos y costumbres; en esta representación política, son avaladas sus credenciales ante el alcalde del municipio de Santiago, ubicado en el departamento del Putumayo al sur colombiano.
Las funciones que cumplen ante sus cabildantes son facilitadores de la salud con la expedición de un certificado del cabildo; el acceso a la educación media y superior, fomentar el mutuo apoyo respetando los preceptos que tienen en sus comunidades de origen, sin exigirles perder -en ningún momento- su raigambre. Su función social, por ende, resulta restringida a un grupo específico, de una zona especifica, con derecho a cabildear aquí en la ciudad amparados por los resguardos de origen.
EDUARDO PEÑA NOVA
Historiador- Universidad Nacional
Exgobernador del Cabildo Chibcariwak 2010-2012
Figuras
1. Imagen de lucha por la tierra de los pueblos indígenas de Antioquia.
2. Equipo de formulación del plan de vida del cabildo Indígena Chibcariwak 2010.
3. Manifiesto Indigena dirigido a Rodrigo Uribe Echevarria Gobernador de Antioquia (1980)., el Colombiano de Medellin.
4. Posesión de la junta directiva del cabildo Chibcariwak, en el año 1999.
5. Nacimiento del cabildo Chibcariwak, idea original años 1970s.
BIBLIOGRAFÍA
1- Cabildo Chibcariwak: Reconstruyendo nuestra historia. Medellín. 2002.
2- Comité Indígena. P.N.R.: Emberá-Kuna-Zenú. Población indígena en Antioquia. Medellín 1990.
3- Corporación La Casa Común: Encuentro de líderes urbanos.
4- DANE: Estadística histórica. Bogotá. 1975.
5- Granada, Rodrigo: Situación actual de los indígenas en la ciudad de Medellín –política marco para su atención- formación y diseño de la política indígena a ser aplicada en el ámbito de la ciudad de Medellín. Medellín. Febrero 2003.
6- INTERCONTRATOS: Censo poblacional de las comunidades indígenas en la ciudad de Medellín, en sus dieciséis comunas y cinco corregimientos –Informe Final-. 2002.
7- Organización Indígena de Antioquia O.I.A.: Diseño y aplicación de un diagnostico de los pueblos indígenas en la ciudad de Medellín. Junio 2006.
8- O.I.A.: Mesas de trabajo pro fortalecimiento de la población indígena de Medellín –Informe Final-. Mayo 4 2007.
9- Salazar, Carlos Augusto: Dayi-Drua –Nuestra Tierra- Comunidad y territorio indígena en Antioquia. Diciembre 2000.
10- U. De A.: Informe Fortalecimiento Institucional “Cabildo Indígena Chibcariwak”. Noviembre 16 2007






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