CRÓNICA DE UNA USURPACIÓN: LA SOCIEDAD RESTAURADORA Y EL DESTINO DEL RESGUARDO ZENÚ

 

La historia agraria del Caribe colombiano está plagada de episodios donde la ley y el engaño se entrelazaron para arrinconar a sus legítimos dueños. Hoy exploramos un capítulo sombrío y fascinante: los sucesos de 1909 y 1921 en San Andrés de Sotavento, donde una élite local intentó dar la estocada final a la autonomía indígena


El Preludio del Despojo: Pedro Pablo Herazo y la Escritura de 1909

Todo comenzó con la aplicación de la Ley 55 de 1905, un instrumento legal que permitía a los municipios anexar terrenos de resguardos si se demostraba la "inexistencia" de comunidades indígenas

El gran ejecutor de este plan fue Pedro Pablo Herazo, personero de San Andrés de Sotavento

En complicidad con el abogado Manuel Antonio Pineda, Herazo recolectó testimonios de personas que no eran indígenas —Adolfo Olascoaga, Miguel Fernández y Domingo Gómez— para declarar falsamente que el cabildo indígena había desaparecido hacía años, con el siguiente texto: "Si les consta que hace muchos años no existe en este lugar cabildo de la comunidad indígena”.

Con este fraude, el 27 de julio de 1909, Herazo corrió en Chinú la Escritura No. 85, protocolizando la cesión del Resguardo al municipio y abriendo la puerta a la ocupación masiva por parte de "blancos" y terratenientes.


La Cruel Estratagema contra Tiburcio Ciprián

Años más tarde, los invasores intentaron asegurar el control de los documentos originales del Resguardo. Aprovechando que el capitán Tiburcio Ciprián (quien nació en Pitalito, según los relatos recogidos por Alfredo Salcedo Tirado) se encontraba enfermo y sumido en el alcoholismo, se urdió un engaño surrealista.

Perenciano Castillo y el abogado Pascual Campo Montaño (conocido como el "negro caucano") vistieron a una niña blanca como la "Reina de España" y la llevaron en carroza hasta Los Vidales

Frente a esta supuesta autoridad real, un Ciprián debilitado entregó los documentos y escrituras antiguas del resguardo entre venias ridículas, un acto que pretendía invalidar cualquier reclamo indígena futuro

El Engaño de la "Compañía Restauradora" (mayo de 1921)

Bajo presión o servilismo, Tiburcio Ciprián lideró el 3 de mayo de 1921 a un grupo de siete capitanes veredales hacia Chinú para firmar contratos leoninos con una nueva entidad: la "Compañía Restauradora"

Esta sociedad estaba integrada por apellidos de tradición en la región: Fernández, Ramírez, Pérez, Ortiz, Urzola, Morales, Alean y Jiménez.

Entre los capitanes que inicialmente firmaron (o pusieron su huella al ser analfabetos) se encontraban:

Pedro Lucas (Tuchín), Enrique Moslaco-Muslaco (Cruz del Guayabo), Juan Higinio Navarro (Bomba), Juan Suarez (Pitalito), Calixto Beltrán (Sabatá o Lata, antecesor de Sixto Flores Beltrán), Eloy Francisco Suarez (Cerro Vidales).

A través de la Escritura No. 40, los indígenas cedieron derechos de explotación de minerales y subsuelo, y otorgaron un poder absoluto a los abogados Arquímedes Ortiz (principal) y Abigail Urzola (suplente) para administrar el resguardo en nombre de la Compañía.



El Despertar y la Reivindicación: Pedro M. Solana (noviembre de 1921)

La claudicación duró poco. Gracias a la "malicia indígena" y al apoyo de asesores externos honestos, los líderes comprendieron que habían sido embaucados

El 24 de noviembre de 1921, cuatro de los capitanes originales —Pedro Lucas, Enrique Moslaco, Juan Higinio Navarro y Eloy Francisco Suarez— regresaron a la notaría de Chinú. Esta vez los acompañaron los indígenas Carlos Beltrán y Mauricio Soriano, y el valiente abogado Pedro M. Solana

Juntos, mediante la Escritura No. 111, revocaron todos los contratos con la Sociedad Restauradora y los poderes dados a Ortiz y Urzola, constituyendo un nuevo cabildo y nombrando a Solana como su protector y secretario

Este acto fue el verdadero "borrón y cuenta nueva" que permitió al pueblo Zenú retomar la senda de la defensa legal de su tierra ancestral.



Reflexión final: Estos personajes no son solo nombres en folios antiguos; representan el choque entre un sistema que buscaba "civilizar" a través del despojo y un pueblo que, tras caer en trampas jurídicas, supo levantarse para reclamar su madre tierra. La resistencia de líderes como Pedro Lucas y la asesoría de Solana fueron los pilares sobre los que más tarde se construiría la gran movilización de la ANUC y el movimiento indígena.

 

EDUARDO PEÑA NOVA

Historiador- Universidad Nacional

Especialista Gestión Pública ESAP

Exgobernador cabildo indígena Chibcariwak

Para más información: Yuotube@presenciazenu

 

Bibliografía

1.   Arango López, Andrés. (2024). Los objetivos y la acción política de los campesinos de la ANUC: las luchas por la tierra en Córdoba y Sucre (1970-1978). Trabajo de grado. Pontificia Universidad Javeriana, Facultades de Comunicación y Lenguaje y Ciencias Sociales. Bogotá, Colombia.

2.   Fals Borda, Orlando. (2002). Historia doble de la Costa. Tomo IV: Retorno a la tierra. Segunda edición. Universidad Nacional de Colombia, Banco de la República, El Áncora Editores. Bogotá, Colombia.

3.  Velandia Díaz, Daniel. (2022). Recuperación de tierras en el pueblo zenú: Fortalecimiento del resguardo indígena y de la etnicidad. Primera edición. Editorial Unimagdalena. Santa Marta, Colombia.

4.   Díaz Cid, Luis Eduardo. (2016). "Sobre el despojo de tierras en Córdoba (Colombia)". En: Opción, Revista de Ciencias Humanas y Sociales, Año 32, Especial No. 12. Universidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela.

5.  Alzate Patiño, Alberto. (1987). Aspectos históricos y situación actual: Resguardo indígena de San Andrés de Sotavento (1773 - 1987). Itinerario de un despojo y una reivindicación. Universidad de Córdoba – Colciencias. Montería, Colombia.











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